Skip to content

Síndrome de Tourette

El síndrome de Tourette es una afección neurológica crónica que se caracteriza por la presencia de tics vocales y motores, es decir, vocalizaciones y movimientos repetitivos, involuntarios y repentinos.

¿Qué es el Síndrome de Tourette?

Aunque algunos pacientes pueden “controlar” dichos tics, éstos se consideran involuntarios ya que, como sucede con las ganas de estornudar, tarde o temprano deben expresarse.

Por lo general, los tics en el paciente aumentan en situaciones de estrés y ansiedad, y disminuyen cuando el paciente se relaja o dirige su atención a alguna actividad específica como hacer la tarea.

  • El síndrome de Tourette forma parte de los trastornos de inicio en la infancia, pues se desarrolla antes de los 18 años de edad
  • Este padecimiento es tres a cuatro veces más frecuente en niños que en niñas, y hay estudios que vinculan el síndrome de Tourette con un aumento de la hormona testosterona

 

Síntomas del Síndrome de Tourette

Los síntomas del síndrome de Tourette pueden ir desde pequeños movimientos como gruñidos, tos, parpadeo continuo y aspiración de aire por la nariz, hasta movimientos y sonidos constantes que no se pueden controlar, incluida la repetición de frases o groserías.

Los tics motores simples pueden incluir:

  • Muecas
  • Parpadeo
  • Sacudidas de cabeza
  • Encogimiento de hombros

Por otro lado, los tics motores complejos más comunes son:

  • Sacudir los brazos
  • Saltar
  • Patear
  • Girar
  • Hacer gestos obscenos
  • Olfatear objetos

Los tics vocales involucran sonidos que duran tan sólo un par de segundos como gritar, ladrar o toser. Finalmente, los tics vocales complejos pueden formar parte del lenguaje cotidiano del paciente e incluir discursos completos. Algunos de los síntomas más comunes son:

  • Repetir palabras o frases de otras personas
  • Repetir sus propias palabras
  • Decir palabras altisonantes o vulgares con regularidad
  • Manifestar diferentes tonos de voz

 

¿Qué médicos tratan el síndrome de Tourette?

Aunque existen diversos especialistas médicos capacitados para atender pacientes con síndrome de Tourette, es muy importante que el médico tratante cuente con el conocimiento y la experiencia suficiente para tratar dicho padecimiento.

Algunos de los especialistas que podrían formar parte del equipo de atención integral al paciente son:

  • Neurólogo. Se enfoca en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las afecciones del sistema nervioso. Este especialista está capacitado para diagnosticar y atender pacientes con síndrome de Tourette, y descartar la presencia de otras enfermedades neurológicas.
  • Pediatra. Especialista en la atención médica de niños. Por lo general, los niños con síndrome de Tourette son diagnosticados por este médico y después son referidos con otros especialistas de acuerdo con sus necesidades y la severidad del caso. El pediatra también está capacitado para descartar otras patologías que suelen confundirse con el síndrome de Tourette.
  • Psicólogo. Profesional que estudia la conducta humana en el aspecto emocional, de pensamiento y de comportamiento. Debido a que el síndrome de Tourette afecta el desarrollo normal de las habilidades sociales y de comunicación, en muchos casos el tratamiento también abarcará terapia con este especialista. Además, un psicólogo podrá brindarle ayuda al paciente a controlar el estrés y la ansiedad para disminuir los tics.
  • Psiquiatra. Al ser un médico general con especialidad en psiquiatría, estudia los trastornos psíquicos de las personas a partir del sustrato anatómico del cerebro. Es decir, revisa los factores biológicos, químicos y psicológicos que afectaron y provocaron el trastorno en la persona. Este especialista puede atender al paciente con síndrome de Tourette, pues es el experto en tratar –mediante terapia y medicamentos- los desórdenes de pensamiento, comportamiento y emociones que afectan a estas personas.

 

¿Cómo se diagnostica el síndrome de Tourette?

Actualmente no existen estudios específicos para detectar este síndrome, por lo que su diagnóstico puede ser muy complejo. Éste debe realizarse a través de la exclusión de otros padecimientos, y basado en la historia médica familiar y del paciente.

Como punto de partida, el médico tratante deberá revisar cuidadosamente los siguientes criterios:

  • La presencia de tics motores y vocales
  • Permanencia de los tics por más de 90 días o casi a diario por lo menos a lo largo de un año
  • Inicio de los tics antes de los 18 años de edad
  • Ausencia de otras causas para el desarrollo de síntomas, como consumo de drogas u otras enfermedades

Además, será necesaria la realización de algunas pruebas para descartar otras patologías relacionadas con tics o con alguno de los demás síntomas. Algunas de las pruebas más comunes son:

  • Prueba de alergias. La exposición a ciertos alérgenos puede provocar estornudos, parpadeos continuos o tics. Si el paciente presenta estos síntomas al entrar en contacto con el alérgeno se confirmará un caso de alergia, lo que ayudará a descartar la presencia del síndrome de Tourette.
  • Resonancia magnética. Permite detectar anormalidades en la anatomía de las estructuras cerebrales. Aunque esta prueba no es específica para diagnosticar el síndrome de Tourette, es efectiva para descartar la presencia de otro tipo de trastornos neurológicos.
  • Prueba de sangre. Funciona para descartar la enfermedad de Wilson, la cual también afecta el sistema nervioso de quien la padece.
  • Cultivo de estreptococo. Se realiza para descartar la presencia del trastorno pediátrico neuropsiquiátrico autoinmune, el cual está asociado a infecciones previas por estreptococo.
  • Tomografía por emisión de positrones (PET). A través de la aplicación de una sustancia radioactiva, este estudio muestra el funcionamiento cerebral y de sus tejidos, lo que permite detectar anomalías en el funcionamiento de las células cerebrales.
  • Tomografía computarizada. A través de rayos X se examinan las estructuras cerebrales en busca de tumoraciones, flujo sanguíneo disminuido u obstrucciones, los cuales podrían ser los causantes de los síntomas.